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Full text of "Cesar de Vicente Hernando, "Anselmo Lorenzo y la literatura obrera""

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Anselmo Lorenzo 


Justo Uves 

Episodio dramático-social 

Prólogo de César de Vicente Hernando 


Lirros 

Corrientes 


I a edición en LibrosCorrientes, febrero de 2018. 

(La primera primera es de 1893 y fue publicada en la 
revista La tramontana.) 

Q De la introducción, César de Vicente Hernando. 

© De la edición, LibrosCorrientes. 

ISBN: 978-84-948434-0-2 

Revisión ortotipográfica de Blanca Redondo González. 

Impreso en Gracel Asociados, Madrid. 
GRACELASOCIADOS.COM 

libroscorrientes.es 

LIBROSCORRIENTES.INFO@GMAIL.COM 


«JUSTO VIVES Y LA 
LITERATURA OBRERA» 

por César de Vicente Hernando 



Publicada a mediados de julio de 1893 por 
la administración de la revista catalana La 
tramontana , 1 la novela de Anselmo Lorenzo 2 

1 Dirigida por Josep Llunas, La tramontana era una pu¬ 
blicación quincenal de unas cuatro páginas, escrita en ca¬ 
talán en la que se publicaban poemas, relatos, artículos de 
cultura, textos políticos, etc. Alrededor de la publicación 
se editaban, también, ensayos en castellano. La portada del 
n.° 625, del 21 de julio de 1893, de esta revista está de¬ 
dicada a la novela Justo Vives con un significativo título: 
«La mejor dinamita (alegoría)». Para conocer la obra y la 
importancia de Llunas puede verse la tesis de Jordi Martí 
Font: Josep Llunas, la literatura obrerista i la construcció 
de Vanarquía en caíala al segle xix (Tarragona, Universi- 
tat Rovira iVirgili, 2015). 

2 Nacido en 1841, en el seno de una familia de clase obre¬ 
ra, trabajó de tipógrafo al mismo tiempo que se formaba 
en cursos nocturnos de aritmética, gramática y francés. La 
lectura de las obras de Pi y Margall y de Proudhon, entre 
otros, y el encuentro con el anarquista y revolucionario 
Giuseppe Fanelli en Madrid, en 1868, le convirtieron 
en uno de los más activos organizadores españoles de la 
Primera Internacional. En 1870 participó en el primer 
Congreso Obrero celebrado en Barcelona. Fue detenido 


5 



tiene un objetivo concreto, según plantea Jo- 
sep Llunas en el prólogo del libro: «más que 
el deseo de exponer en forma novelesca una 
faz de la lucha por la existencia que sostiene 
la clase trabajadora, obedece en su estructura 
y argumento, a la necesidad sentida de que 
las ideas de emancipación obrera traspasen los 
límites del periódico de combate, del folleto 
y aún del libro». (Llunas: 8) La distinción es 
precisa y fundamental dado que con la mis¬ 
ma se trata de diferenciar una literatura, ge¬ 
neralmente, de autoría burguesa 3 (escrita por 
Pérez Galdós, López Bago o Pardo Bazán) 
que muestra la terrible situación social de la 
clase trabajadora (miseria, corrupción moral, 


y encarcelado durante un año y, después, extraditado a 
Francia. Fue un militante fundamental en la organización 
del anarquismo en España. Publicó numerosos folletos, 
traducciones, ensayos y participó en numerosas conferen¬ 
cias políticas y culturales. Escribió en (y en algunos casos 
dirigió) algunas de las más importantes revistas anarquis¬ 
tas del periodo de entre siglos. Fue consejero editorial del 
proyecto de Ferrer i Guardia, Escuela Moderna. Murió 
en 1914. Un texto más detallado de sus actividades son sus 
memorias El proletariado militante, que publicó en dos 
volúmenes, en 1901 y 1923. El libro de Francisco Madrid, 
Anselmo Lorenzo. Un militante en el ojo del huracán (Bar¬ 
celona, Virus, 2008) incluye una antología de sus escritos 
y una bio-bibliografía breve. 

3 Los adjetivos burguesa o proletaria no dicen nada del ori¬ 
gen de clase de quien escribe, solo establecen un marco 
discursivo específico. 


6 



condiciones de vida insalubres, etc.) habitual¬ 
mente confundida con las clases populares; y 
otra literatura, de autoría proletaria (como es 
el caso de Lorenzo) que muestra el conflicto 
antagónico entre clases sociales y las formas de 
emancipación del proletariado. Llunas define 
a esta segunda escritura como literatura obre¬ 
rista*, cuya primera razón es «la exposición 
y defensa de ideales al calor de los cuales se 
exponen los sufrimientos de la clase obrera y 
los remedios que se consideran oportunos para 
aliviar aquellos y aun hacerlos desaparecer». 
(Llunas: 10) 

Buena parte de la intelectualidad proletaria 
consideraba que «la revolución intelectual» 
debía «preceder a la material» (Llunas: 8) y 
que, por lo tanto, era necesario transformar la 
conciencia del pueblo y radicalizar a la bur¬ 
guesía. Se trataba, pues, de invertir las tenden¬ 
cias dominantes colectivas que habían produ¬ 
cido la Revolución francesa y colocar ahora al 
movimiento obrero como motor del cambio 

4 José Antonio Fortes ha utilizado el mismo concepto 
aplicado, sin embargo, a la literatura burguesa que «está 
hecha y escrita y publicitada por sujetos de clase de pro¬ 
cedencia y origen burgués, con materiales supuestamente 
provenientes de la clase ajena y enemiga (el obrero, el 
proletario), para uso y consumo directo e inmediato de 
esos obreros y proletarios, previo tratamiento ideológico 
estético bterario de tales materiales dentro del ámbito y 
dominio del funcionariado burgués». Cf. El pan del po¬ 
bre, Granada, I&CILE, 2004. 


7 



social, exigiendo el apoyo de una burguesía 
que, en España, no había podido convertirse 
en hegemónica frente a la Iglesia y a la aris¬ 
tocracia terrateniente (cuyas máximas figuras 
eran los señoritos y los caciques), los dos es¬ 
tamentos sobre los que se concentran funda¬ 
mentalmente los ataques de los anarquistas. 

La insistencia en el cambio espiritual se ve 
reforzada con la afirmación de que esta litera¬ 
tura no debe ser juzgada por la forma (lo que, 
podríamos decir, corresponde al orden de lo 
material) sino por el fondo. Esto lleva a Llu- 
nas a escribir que podrá «faltarle a la literatura 
obrerista la lucidez de la frase, la brillantez de 
las figuras, la cadencia de una prosa que des¬ 
pida notas de armonía, los periodos grandilo¬ 
cuentes que jamás exaltan el sentimiento que 
habla a la razón; mas nada de esto es indispen¬ 
sable para convencer de la bondad de la cau¬ 
sa, bastando un regular conocimiento de las 
principales reglas de la Gramática para darse a 
entender bien». (Llunas: 9) La falsa distinción 
entre fondo y forma es, más allá de los in¬ 
tentos de impulsar la escritura obrera desacrali- 
zando la retórica romántica, la ornamentación 
modernista y la especificidad estilística realista, 
una manera de justificar la entrada en el campo 
literario, pues según afirma el autor del poema 
LRevolució «bien es verdad que la obrita que 
hoy damos a conocer al público no fue escrita 
exclusivamente en defensa de deternúnados 


8 


ideales, sino obedeciendo al acicate de invadir 
el terreno a los sabios y a los artistas de que 
antes hemos hablado, la meditó y dio forma 
su autor para llevarla a un certamen burgués» 
(Llunas: 9). Este planteamiento parece dejar 
la literatura en poder de la burguesía. Lo que 
hace Lorenzo sería así una práctica de apro- 
piacionismo por la cual un tema marginado 
de los intereses narrativos burgueses, como el 
del conflicto de clase, es colocado allí y recla¬ 
mado para que sea reconocido. Por otra parte, 
más adelante, Llunas señala otro aspecto de la 
escritura de la obra: «por esto la estructura de 
Justo Vives no se aparta en general de la de 
las demás novelitas hoy en uso, distinguién¬ 
dose tan solo por el marcado sabor obrerista 
que respira, condición que ha de hacerla más 
aceptable para el obrero y aun para aquel que 
guste de conocer la cuestión social sin querer 
engolfarse en lecturas didácticas, no siempre 
de fácil adaptación para determinadas inteli¬ 
gencias». (Llunas: 10) Con ello, y pensando en 
los procesos de recepción, trata de interrum¬ 
pir el acceso popular a las novelas burguesas 
masivamente consumidas a través de los fo¬ 
lletines y de las novelas cortas, para llevar el 
problema de la cuestión social en los térmi¬ 
nos del conflicto de clase, a un proletariado al 
que, por una deficiente formación intelectual 
o por ser en alto número analfabeto, no le es 
posible comprender «las lecturas didácticas», 


9 


es decir, los folletos de propaganda e infor¬ 
mación que las organizaciones obreras publi¬ 
can. Hay una diferencia entre un discurso y 
otro, entre lo literario y lo científico que no 
puede abandonarse. Lo sustancial de esa di¬ 
ferencia es lo que sutura entre la experiencia 
obrera y el ideal emancipador a través de una 
situación representacional vital traspuesta, la 
novela. Es importante la insistencia de Llunas 
en que la narración introduce una idea en la 
conciencia del proletariado, hasta el extremo 
de que «el solo hecho de llevar por los obre¬ 
ros la cuestión social a la novela como ya se 
ha llevado al periódico, al folleto, al libro y 
al teatro, constituye para nosotros un mérito 
innegable». (Llunas: 11) En ambos casos, tanto 
en la «invasión», tal y como se dice, del campo 
literario como en la interrupción de la lectu¬ 
ra de la novela burguesa por el proletariado 
está presente la idea de que «las novelas no 
representan la vida, [sino que] representan la 
vida tal como la representa la ideología». (Da- 
vis: 39) Marcando el hecho de que se trata 
de una escritura austera supone que quedará 
clara esta premisa básica: la lucha es contra la 
representación ideológica. Lo que lee la clase 
trabajadora no es su vida sino la vida que le 
atribuye la burguesía y que, a través del dis¬ 
curso del reformismo social, trata de mejorar 
sin, en ningún momento, dar cuenta del ori¬ 
gen de la misma. La intervención de Justo Vi¬ 


lo 


ves opera en el nivel ideológico (del sentido) 
mostrando que la miseria, la vida dañada del 
proletariado (la cuestión social), no es inin¬ 
teligible sino, al contrario, perfectamente ex¬ 
plicable si se muestran las relaciones de poder 
y los conflictos de clase que la generan. Por 
eso, Lorenzo no escribe sobre la vida proleta¬ 
ria sino desde la misma, y lejos de enunciarse 
la novela desde la posición de un burgués (de 
la burguesía) se hace desde la posición de un 
proletario (del proletariado). Ya no se narra 
la historia de un individuo sino de un sujeto 
social ni se cuenta la trayectoria vital de un 
individuo hecho, supuestamente, 5 a sí mismo 
por su voluntad sino de un individuo hecho 
por determinaciones sociales impulsadas por 
una voluntad colectiva emancipatoria. En el 
relato de Lorenzo ni siquiera se mantienen las 
reglas morales que rigen los comportamien¬ 
tos burgueses sino que el modo de juzgar las 
conductas está en función de las relaciones 
de poder y explotación (laboral, sexual, etc.). 6 


5 Sabemos que el joven burgués dueño de la fábrica ha 
recibido la misma, como toda su riqueza, de su padre, y 
ni siquiera oculta que no hace nada en ella y dilapida su 
tiempo (en oposición al tiempo de trabajo productivo de 
los obreros) en el casino. 

6 Al contrario que en el famoso Juan José de Joaquín 
Dicenta, que traslada el código moral del honor del siglo 
de oro, en la novela de Lorenzo Justo no pretende vengar 
el honor de la mujer violada, ni nadie la repudia. No hay 


11 



Más aún, la dignidad se obtiene socialmente 
cuando se pierde su condición de clase bur¬ 
guesa y adquiere la proletaria, como ocurre 
cuando Pepita, la joven acomodada, que ha 
perdido a su padre, la casa, que ha sido violada 
y que ha perdido al hijo (que nunca rechaza 
Justo): «vigorizada por el sufrimiento físico, 
aleccionada por el dolor moral y completada 
la evolución» (p. 93) puede equipararse a los 
demás miembros de las clases explotadas. Pero, 
además, Justo Vives relata cómo se convier¬ 
te alguien en proletario cuando se le impide 
vivir y se le empuja a la pobreza, cómo se 
organizan los trabajadores de forma demo¬ 
crática frente al arbitrarismo de los burgueses, 
cómo aprovechan las situaciones de represión 
—como la estancia en la cárcel— para seguir 
formándose, cómo se ayudan los trabajadores 
mutuamente, cómo luchan, cómo se forman 
los sentimientos de afecto no por los lazos de 
sangre sino por vínculos radicalmente huma¬ 
nos («reconozco que estos sentimientos míos 
hacia ti (le dice su madre a Justo] no son solo 
resultado del amor maternal, sino como un 
tributo a lo que mereces por tus bondades» 
p. 28); tampoco por una entrega ciega al otro 
sino como una unión de iguales («No, Pepi¬ 
ta, yo no dispondré de ti jamás: yo no quiero 


desafío ni duelo, simplemente la exposición pública de 
las miserias del joven burgués y sus amigos. Cf. pp.90-91. 


12 



poseerte como una esclava. Quiero, sí, que en 
la plena posesión de tu libertad, dueña ab¬ 
soluta de tu personalidad moral y física, sin 
despojarte nunca de ella, me des lo que tu 
voluntad te inspire» p. 94). El proletariado de 
Justo Vives no es homogéneo (se describen 
dos grupos enfrentados), como tampoco lo es 
la burguesía que aparece (aparece el capital 
industrial y el financiero, especulativo). 7 

En efecto, remarcar el contenido frente a la 
forma equivale a plantear que la novela está he¬ 
cha a partir de códigos restringidos 8 que limitan 
el estilo a un lenguaje reconocible, contextual, 
sencillo, transparente, que no requiere de la 
colaboración del lector sino de la disposición 
del mismo; que limitan la estructura narrativa 
a una secuencia lineal, consecutiva, de capítu¬ 
los breves, pensados —seguramente— como 
habitación para una posible lectura oral de 
los mismos o que requieran poca inversión 
de tiempo. Un aspecto importante del uso 
de estos códigos es la reducción del conflic¬ 
to narrativo a la lucha entre capital y trabajo. 

7 Sorprende, probablemente, la descripción de una mul¬ 
titud alegre y animada con la que se abre el capítulo iv, 
o el final de la novela, en el que se puede atisbar el futu¬ 
ro de una sociedad distinta sin instituciones religiosas o 
estatales. Pocas páginas o secuencias pueden encontrarse 
en este sentido, como las de la feliz pereza que pone en 
medio de La huelga Sergei Eisenstein. 

8 Cf. mi Teoría social de la literatura (en prensa). 


13 



Significativamente, Lorenzo no hace entrar 
en escena ningún personaje del estamento 
religioso. La novela se concentra en la con¬ 
tradicción principal, diríamos. Además, Lo¬ 
renzo renuncia a un intento de establecer 
una totalidad. El subtítulo del libro ya define 
bien qué se relata: solo «un episodio dramᬠ
tico-social», uno de los cientos que podrían 
mostrarse. El grado cero de la escritura pro¬ 
letaria empieza precisamente por señalar su 
condición social. El código restringido usado 
se desentiende de la estética naturalista: «en 
general los anarquistas presentan siempre o 
casi siempre al obrero como figura positiva. 
No gustan de mostrarlo como lumpen, y alb 
tienen que despojarse de su gusto por el natu¬ 
ralismo». (Litvak: 149) Lorenzo, sin embargo, 
intenta conseguir así una narración ideal (que 
no idealizada), como veremos más adelante; 
una abstracción que pueda trasponerse a otras 
situaciones concretas, dando cuenta así de una 
estructura social común a todas ellas. 

El proyecto que describe Llunas, y que am¬ 
plió dos años después en el discurso de in¬ 
auguración del Primer Certamen Socialista 
de Reus, 9 no se limitó a la novela y al relato; 

9 En el mismo avanza ya varios pasos: reclama que «ha 
de nacer una literatura y un arte propios» (Llunas: 3) y 
continúa denunciando que a la literatura y al arte de ese 
tiempo les falta «un motivo, interesante y noble al que 
servir» y que no pueden seguir teniendo el objeto, como 


14 



también se interesó por la escritura y repre¬ 
sentación de obras teatrales y la composición 
de poemas y canciones.Todas las revistas anar¬ 
quistas de la época, Ciencia social, La revista 
blanca, El productor o Natura incluyeron en 
sus páginas textos literarios obreristas. Inclu¬ 
so alrededor de La revista blanca llegaron 
a publicar, ya en los años veinte, dos colec¬ 
ciones de narrativa: «La novela Ideal» y «La 
novela Libre». El mismo Lorenzo es autor de 
varios relatos más, algunos de ellos tuvieron 
una mayor resonancia porque se editaron en 
volúmenes que tuvieron una cierta distribu¬ 
ción, tales como el utopista «Amoria» (1902) 10 
publicado en el n.° 107, del 1 de diciembre, 
de La revista blanca; «¿Dónde están nuestros 
ahorros?» (1904), que aparece en el n° 2 de la 
revista Esparta; el relato infantil «Igualdad, 
Libertad y Fraternidad» (1908), editado en la 
serie «Cuentos racionalistas» para los libros 
de la Escuela Moderna de Ferrer i Guardia, o 
«¿Será eterna la injusticia?», editado en el vo¬ 
lumen Dinamita cerebral (1913).Tradujo, en¬ 
tre otras, en 1902 la novela de Jean Grave Las 
aventuras de Nono y en 1903 la de Camille 
Pret En anarquía. Con todo, el proyecto de la 

las señoras acomodadas, de «exhibir el lujo y la moda del 
día». (Llunas: 4) 

10 Al parecer, Josep Llunas habría publicado esta obra en 
catalán unos años antes, en 1896, y el texto de Lorenzo 
solo sería una traducción de la misma. 


15 



literatura proletaria de este periodo siempre 
fue débil y poco efectivo, y nunca pudo des¬ 
plazar a la literatura «de droguería» que mar¬ 
caba, según escribía Manuel Ugarte en 1905 
en Natura, el dominio del campo literario. 

Casi al final del prólogo a Justo Vives, Llu- 
nas advierte que «no cabe hoy discutir sobre 
la existencia de la cuestión social, puesto que 
ella resulta ya tan patente como el movimien¬ 
to, que se prueba andando; mas ya que las cla¬ 
ses poderosas hacen oídos de mercader al cla¬ 
moreo general, y, atentas solo a la satisfacción 
de sus concupiscencias mantenidas por el pri¬ 
vilegio, no quieren ver el cuadro de miseria 
que se va enseñoreando del productor, hora 
es ya de que todos los hombres de buena vo¬ 
luntad y amigos de la justicia en su más pura 
expresión imperen en el mundo y sean el si¬ 
llar inamovible en que descanse la base social, 
sean obreros o burgueses, produzcan artefac¬ 
tos, telas o alimentos con un trabajo manual o 
estén dedicados a la nobilísima labor de ator¬ 
mentar su inteligencia para difundir la ciencia 
o el arte, aumentando el tesoro de los huma¬ 
nos conocimientos, se manifiesten cada uno 
en su esfera y en la medida de su actividad e 
inteligencia, partidarios de la transformación 
social ya inevitable». (Llunas: 12) Unos párra¬ 
fos antes había denunciado que el Diccionario 
de la Academia de la Lengua española no ha¬ 
bía incluido aún el término sociología. 


16 


Es evidente que Llunas está fijando su 
planteamiento sobre un problema que se ha¬ 
bía denominado, hacia la mitad del siglo xix, 
cuestión social. Este término, en realidad un 
ideologema 11 , que funciona como mediación 
discursiva y como articulación de las prácti¬ 
cas constructivas efectivas de la sociedad, abre 
una crisis en el campo del sentido (ideológico) 
y lo convierte en campo de batalla. El debate 
es, en realidad, qué se entiende por cuestión 
social. La lucha es por el significado y todo 

10 que ello implica. Si se define como un es¬ 
tado de penuria física, moral e intelectual en 
el que vive una buena parte de la sociedad, la 
literatura solo necesita articular proposiciones 
que lo muestren como tal y reclamen de un 
exterior (mediante un discurso moral, lo que 
políticamente se denominó reformismo so¬ 
cial) las soluciones requeridas para cambiarlo. 
La solución imaginaria de esta literatura evita 
hacerse cargo de las contradicciones objetivas 
que, por ejemplo, trata de hacer emerger una 
literatura crítica. Si, por el contrario, con este 
término se hace referencia al origen social de 
esa miseria, entonces la literatura requiere ar¬ 
ticular proposiciones que lo muestren como 
resultado de una contradicción interna (me¬ 
diante un discurso político, lo que se denominó 

11 En literatura, un elemento conceptual que deriva de 
un especifico tratamiento de articulación de las proposi¬ 
ciones que establecen el discurso de una obra. 


17 



políticamente lucha de clases), sin lo cual no 
hay posibilidad de cambio. En el caso de Justo 
Vives, la solución imaginaria pasa por articular 
proposiciones nacidas de una idea concentra¬ 
da y comprensible de mundo: la anarquía. 

Es aquí cuando se puede entender que 
esta literatura solo puede haber aparecido a 
partir de una revolución en el ámbito de la 
estética, lo que podría denominarse el giro 
social del arte. 

Hasta mediados del siglo xix la estética se¬ 
guía siendo, básicamente, el estudio de la be¬ 
lleza. Se consideraba la autonomía de la obra 
artística y la libertad absoluta de la autoría 
como una conquista de la modernidad que 
hacía que el desarrollo del arte dependiera 
solamente de su propia dinámica interna. A 
pesar de lo cual, las diferentes instituciones 
(editoriales, teatros, academias, salones, etc.) 
siempre establecieron normas (de buen gusto, 
de creatividad, etc.) para la realización de las 
obras. Con el establecimiento del discurso so¬ 
ciológico estas ideas sobre el arte son analiza¬ 
das como determinadas por la sociedad y ex¬ 
plicadas por ella. Es cuando se produce el giro 
social: el saber positivo, el que procede de los 
hechos, de lo concreto, reduce las explicacio¬ 
nes esenciabstas de la creación literaria y co¬ 
loca lo social como matriz de representación 
del mundo y de la producción de significados. 
Si bien este proceso comenzó en el interior 


18 


mismo del discurso romántico sobre el arte, se 
amplió con los esbozos de los saint-simonistas 
sobre el lugar del artista como productor en la 
nueva sociedad y se sustentó en el materialis¬ 
mo de Marx, dos textos serán fundamentales 
en este paso: el ensayo de Proudhon Sobre el 
principio del arte, publicado en 1865 y el de 
LeónTolstoi ¿Qué es el arte?, editado en 1898, 
pero cuyas ideas ya habían sido conocidas 
años atrás a través de artículos y comentarios 
en revistas. Ambas obras atraviesan los prin¬ 
cipios constructivos de la novela de Anselmo 
Lorenzo. 

La obra de Proudhon, inicialmente una de¬ 
fensa del pintor Courbet, comienza declaran¬ 
do que el arte tiene una «elevada misión» que 
el idealismo deprava. La defensa del realismo 
aquí no supone considerar la correspondencia 
entre imagen (en este caso) y hechos sino una 
crítica a la realización de la obra artística a par¬ 
tir de modelos imaginarios que se impondrían 
frente a lo Real. Por eso, dice Proudhon, los 
artistas defienden que el arte está liberado de 
toda condición utilitaria. Sin embargo, el filó¬ 
sofo establece su indagación precisamente en 
este aspecto sociológico: para qué sirve el arte 
(y no qué es) y cuál es la función que cumplen 
los artistas en la sociedad. Inmediatamente des¬ 
pués considera que existen en las artes «reglas 
superiores, principios superiores que proceden 
de la razón» (Proudhon: 39), lo que desharía el 


19 


misterio y el carácter indefinible del mismo y 
lo acercarían a la ciencia, tal y como querían 
los anarquistas. Después de exponer la defi¬ 
nición corriente de estética, lleva a un punto 
fundamental: aquel en el que afirma que «el 
progreso del arte, si hay progreso, no tendrá 
su causa en sí mismo: recibirá su crecimien¬ 
to desde el exterion>. (Proudhon: 51) Siendo 
una facultad, continúa, debe tener un objeto 
y este es el ideal. Esto le lleva, necesariamente, 
a descalificar las explicaciones erróneas que se 
han dado para dar cuenta del par idealismo/ 
realismo. Para Proudhon no hay posibilidad de 
separar ambos términos: «el arte es, lo mismo 
que la propia naturaleza, realista e idealista a la 
vez». (Proudhon: 54) En efecto, aquí podemos 
encontrar el origen de la distinción forma/ 
contenido que usa Llunas y con el que Loren¬ 
zo escribe su novela. La forma sería resultado 
del procedimiento de imitación de la realidad, 
pero —como señala Proudhon— «el arte no 
es nada sin el ideal, solo tiene valor por el ideal; 
si se limita a una simple imitación, copia o fal¬ 
sificación de la naturaleza, haría mejor en abs¬ 
tenerse. [...] El artista más grande será, pues, el 
mayor idealizador». (Proudhon: 57) Pero para 
no confudirlo con los principios y caracteri¬ 
zaciones del idealismo, Proudhon debe especi¬ 
ficar aún más: «Ideal, idealis, derivado de idea, 
es aquello que está acorde con la idea o que 
tiene relación con ella. Pero, ¿qué es la pro- 


20 


pia idea? La idea, según la etimología griega 
de la palabra, es el concepto típico, específi¬ 
co, genérico, que el espíritu se forma de una 
cosa, abstracción hecha de toda materialidad». 
(Proudhon: 58) Esto explica la forma de los 
personajes en la novela: son Pepita, Justo Vives, 
Antonio (el hijo del burgués), etc., pero tam¬ 
bién son proletarios, burgueses, es decir, idea. 
También reconoce una segunda acepción, la 
de «prototipo puro, exacto, inmutable de las 
cosas, es la perfección, lo absoluto». (Proudhon: 
58) Esto permite comprender que la escritura 
de los capítulos no está animada simplemente 
por ningún afán de imitación de las miles de 
reuniones sindicales, de los cientos de con¬ 
flictos laborales, sino de la materialización 
literaria del ideal anarquista en tanto huma¬ 
nidad emancipada. Puesto que es imposible, 
dice Proudhon, representar ese ideal, la rea¬ 
lización artística siempre será particular. Lo 
que percibimos en la novela es, entonces, 
la tensión entre el intento de representar la 
nueva sociedad y el imposible. Que esto es 
lo relevante se entiende después de rehacer 
su definición inicial de arte: una representa¬ 
ción idealista de la naturaleza y de nosotros 
mismos, en vista al perfeccionamiento físico 
y moral de nuestra especie». (Proudhon: 65) 
Es posible entender así el comentario de Llu- 
nas en la consideración de la cuestión social 
como «un problema que afecta a toda la hu- 


21 


inanidad» en el objeto ideal y la insistencia en 
la exaltación de una idea. 

Por otra parte, el ensayo deTolstoi, que tan¬ 
to influyó en la estética que defendieron los 
anarquistas, empieza por atacar todo el arte 
instituido, toda la gran cantidad de actividad 
urbana destinada a satisfacer la necesidad de 
consumo artístico. Después de comentar al¬ 
gunos aspectos de las concepciones habituales 
del arte y la estética, Tolstoi habla también de 
la misión del arte: «Toda obra de arte pone en 
relación el hombre a quien se dirige con el 
que la ha creado, y con todos los hombres que 
simultánea, previa o posteriormente, reci¬ 
ben alguna impresión de ella. La palabra que 
transmite los pensamientos de los hombres es 
un nexo entre ellos; lo mismo le sucede al arte. 
Lo que le distingue de la palabra es que esta le 
sirve al hombre para transmitir a otros sus pen¬ 
samientos, mientras que, por medio del arte, 
solo le transmite sus sentimientos y emociones. 
La transmisión actúa del siguiente modo: un 
hombre cualquiera es capaz de experimentar 
todos los sentimientos humanos, aunque no 
sea capaz de expresarlos. Pero basta que otro 
hombre los exprese ante él, para que ensegui¬ 
da los experimente él mismo, aun cuando no 
los haya experimentado jamás». (Tolstoi: 51). 
Esta idea de que la obra artística es un medio 
que sirve para conformar la fraternidad entre 
los hombres, de que el sentimiento específico 


22 


que pretende transmitir la novela de Lorenzo 
sería esta ligazón entre los proletarios, estaría 
en la base del uso de la literatura. 

Tolstoi distingue, a lo largo de su ensayo, 
entre el arte verdadero y el arte falso. El prin¬ 
cipio que los distingue se funda en el valor: 
«la valoración del arte (es decir, del valor de 
los sentimientos que transmite) depende de la 
idea que se forma del sentido de la vida y de lo 
que se considera bueno o malo». Para Tolstoi 
«la ciencia que distingue lo bueno de lo malo 
lleva el nombre de religión». (Tolstoi: 57) El 
arte falso se limitaría a entender la finalidad 
del arte como la de creación de belleza, a 
buscar la oscuridad («el oscurantismo eleva¬ 
do a dogma» [Tolstoi: 88]) en lugar de bus¬ 
car ser comprendido, a falsificarlo mediante 
la imitación de obras del pasado haciéndolo 
pasar por novedoso, dotarlo de adornos, de 
efectos sorpresa, de elementos que susciten 
simplemente la curiosidad. Este falso arte ha 
contado con la complicidad de la academia y 
de la crítica. Esto ha provocado que lo que «la 
mayoría de nuestra sociedad considera arte, 
arte bueno, el summum del arte, no es sino 
una falsificación del arte verdadero». (Tols¬ 
toi: 153) El arte verdadero entiende el arte 
como el que elimina las diferencias entre el 
artista y los seres humanos a los que se dirige, 
se produce así un contagio cuya intensidad 
dependerá de la mayor o menor singularidad 


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de la obra, la novedad; de la mayor o menor 
claridad, la mayor o menor intensidad de los 
sentimientos que se expresan; es un instru¬ 
mento moral de la vida humana. (Tolstoi: 189) 
Finalmente, el escritor ruso llega a la misma 
conclusión que Proudhon, y que constituye 
la base de toda la teoría anarquista del arte: 
«El arte y la ciencia están tan unidos como 
los pulmones y el corazón; si uno de ellos se 
estropea, el otro no puede funcionar. La cien¬ 
cia enseña a los hombres los conocimientos 
que deben tener más importancia para ellos y 
dirigir su vida. El arte transporta estos cono¬ 
cimientos desde la razón al sentimiento. Si el 
camino que sigue la ciencia es malo, también 
lo será el que sigue el arte. Arte y ciencia son 
como esos buques que van acoplados por los 
ríos, remolcado uno, remolcador el otro. Si 
el primero sigue una falsa dirección, el se¬ 
gundo ha de secundarla por fuerza». (Tolstoi: 
201-202) El esfuerzo es contar lo ideal de lo 
particular y lo particular de lo ideal. En uno 
de los últimos capítulos, Tolstoi señala cómo 
será el arte del futuro: «El arte del futuro, el 
verdadero, el que ha de surgir, no será una 
prolongación de nuestro arte, sino que ema¬ 
nará de otros principios sin ninguna relación 
con los que informan el arte actual de las cla¬ 
ses dirigentes. El arte del porvenir, que todos 
los hombres podrán apreciar, no tendrá por 
objeto expresar sentimientos que solo pue- 


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dan comprender algunos ricos, sino mostrar 
la más elevada conciencia religiosa a las ge¬ 
neraciones futuras. En el futuro, se considera¬ 
rá arte únicamente todo aquello que exprese 
sentimientos universales para que puedan ser 
compartidos por todos los hombres. Unica¬ 
mente este arte será admitido, propagado. El 
resto del arte, el que solo sea accesible a algu¬ 
nos hombres, quedará arrinconado. Y el arte 
no será apreciado solamente, como hoy, por 
un reducido número de personas, sino valo¬ 
rado por todos los hombres».Y concluye cuál 
es la verdadera función del arte: «El arte del 
futuro será diferente del actual en el fondo 
y en la forma. En lo que se refiere al fondo, 
tendrá por finalidad unir a los hombres; en 
lo concerniente a la forma será asequible a 
todos. Y el ideal de la perfección del futuro 
no será el particularismo de los sentimientos, 
sino su mayor o menor universalidad. El artis¬ 
ta del futuro no tratará, como el actual, de ser- 
oscuro, sofisticado, rimbombante, sino breve, 
claro, sencillo. Y cuando el arte haya tomado 
esa senda servirá no solo para distraer a una 
clase ociosa, como ahora sucede, sino que 
empezará a realizar su fin verdadero, es decir, 
a trasladar una idea religiosa desde el dominio 
de la razón al del sentimiento, a guiar a los 
hombres hacia la felicidad, hacia la vida, hacia 
esa unión y perfección que su conciencia re¬ 
ligiosa les aconseja. (Tolstoi: 199) 


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Estos elementos conforman la problemáti¬ 
ca de la literatura proletaria (en este tiempo y 
lugar llamada obrerista) que va a desarrollarse 
ampliamente en las tres décadas posteriores 
en todo el mundo: en la literatura mexica¬ 
na de la revolución, en la literatura dramáti¬ 
ca comunista chilena, en la narrativa argen¬ 
tina anarquista, en el arte soviético, etc. Aun 
cuando el famoso debate fondo/forma haya 
seguido en todos los ámbitos de la teoría y 
la prácticas artísticas, en realidad, Lorenzo y 
Llunas, como Proudhon y Tolstoi, lo usaban 
con otro sentido que el tradicional. La forma 
escondía la complejidad del acceso a la cons¬ 
ciencia, el contenido, la construcción de un 
asunto real no representado. Con Justo Vives, 
un ensayo narrativo sobre las posibilidades de 
materializar simbólicamente un conflicto so¬ 
cial estructural que pudiera ser asimilado por 
el movimiento obrero, Lorenzo intentó libe¬ 
rar a la literatura del marco al que le había 
fijado el discurso sobre el arte de la burguesía. 
Hacerla libre para que pudiera hablar también 
de otro mundo. Si escribió desde el proleta¬ 
riado, probablemente deberíamos esperar que 
este valorase el intento. 


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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 
UTILIZADAS 


Davis, Lennard, Resistirse a la novela, novelas 
para resistir, Madrid, Debate, 2002. 

Proudhon, Pierre-Joseph, Sobre el principio 
del arte y sobre su destinación social, Ma¬ 
drid, Aguilar, 1980. 

Tolstoi, Léon, ¿Qué es el arte?, Madrid, 
Eneida, 2017. 

Litvak, Lily, Musa libertaria, Barcelona, Anti 
Bosch editor, 1981. 

Llunas i Putals, Tosep, Escrits sobre literature, 
Lleida, 2015. 


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